Hijos míos, soy la Inmaculada Concepción, soy Ella que dio a luz al Verbo, soy la madre de Jesús y vuestra madre. He descendido con gran poder junto con Mi Hijo Jesús y Dios Padre Todopoderoso; la Santísima Trinidad está entre vosotros.
Gracias por vuestras oraciones. Me alegro mucho cuando rezáis con el corazón. Os amo inmensamente, hijos míos, y siempre quiero hablaros para daros todo Mi amor. Siempre necesitáis sentir que sois amados porque el mundo vacía vuestro Espíritu, llenándoos de confusión. La oración elimina todo lo que no agrada a Dios Padre Todopoderoso.
Muchas veces olvidáis rezar cuando sentís sufrimiento, confusión, turbación; por eso vengo en vuestra ayuda para que recordéis en esos momentos que la oración es el único arma que debéis usar, porque os convierte, os hace humildes. La humildad está sobre todas las virtudes: sed humildes en vuestros corazones y pensamientos. Poned en práctica Mi consejo para enfrentar todo lo que aún ha de suceder en el mundo y afectará a cada uno de vosotros.
Mi Hijo Jesús es vuestro pastor, vuestra guía. Permaneced en Su rebaño. Todos aquellos que aún no han entrado son invitados a hacerlo antes de que expire el tiempo de misericordia. Mi Hijo Jesús es el Rey de la humildad, del amor, de la misericordia y de la paz. Dejad que Él os guíe. Sed como niños, tal como Él mismo os ha pedido serlo. No temáis al juicio del mundo, sino dejad que Dios Padre Todopoderoso juzgue todo lo que hacéis y haréis.
El mundo y quienes lo gobiernan no tienen poder para juzgar o condenar. Solo a Dios el Padre Todopoderoso le pertenece el juicio, quien pronto hará temblar al mundo entero imponiendo Su temor.
Mi Manto siempre te cubre. Cada vez que tus pensamientos se vuelven hacia Mí, te abrazo. Toma la estatua del niño Jesús, levántala y bésala.
Hijos míos, Mi Hijo Jesús os ha dado Su paz, Su amor. Estad siempre preparados para los cambios que vendrán. Siempre os ayudaré si oráis con el corazón.
Ahora debo dejaros. Os doy un beso y bendigo a todos, en nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
¡Shalom! Paz, hijos míos.