Hijos y hermanos Míos,
gracias por reuniros en oración y por consolar Mi Corazón Doloroso.
Hermanos, muchos buscan señales, pero ¿no he dicho que cuando una nación se levante contra otra y un pueblo contra otro, cuando vengan el hambre y las enfermedades, entonces serán esos los tiempos?
Mirad, el mundo y la Tierra están en turmoil. ¡Mirad a vuestro alrededor!
Pero sobre todo, escuchad las palabras de Mi Madre, quien, así como lloró al pie de Mi Cruz, ahora llora por vosotros, hijos Míos, porque quiere salvaros del infierno.
Os digo: no tengáis miedo de lo que vendrá, pues sois Mi ejército, y el Espíritu Santo os dará la fuerza para luchar, y el bien triunfará.
Hijos, estoy con vosotros, pero debéis convertiros pronto —no por miedo sino por amor, y para alcanzar la santidad.
Ahora os dejo y os bendigo en el nombre de la Santísima Trinidad.
Vuestro Jesús.
Reflexión sobre el Mensaje:
Un día, cuando Jesús aún caminaba por esta Tierra, Sus apóstoles Lo llevaron aparte y, movidos por la curiosidad, Le preguntaron cuáles serían las señales del fin de los tiempos. Jesús entonces las describió con gran detalle; podemos leer sobre ellas en el capítulo 24 del Evangelio de Mateo. Hoy, Jesús nos dice que aquellos tiempos profetizados hace dos mil años han llegado —estamos en medio de la gran tribulación.
Por eso Él pide —hoy, tal como lo hizo entonces— que estemos preparados, es decir, que cambiemos nuestra manera de vivir, porque solo con un corazón manso y humilde podremos enfrentar las fuerzas del mal y los acontecimientos que están por venir.
Desechemos todo temor e intentemos comprender que estos mensajes nos son dados por un Padre que ama a sus hijos y anhela salvarlos.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org